martes, 8 de enero de 2013

Le temps

Los minutos parecían ahogarse en su taza de café.
Cuarto para las 3:00 am, la hora médium y ella no conciliaba el sueño.
Pensaba en que un día sus ojos iban a secarse, se caerían como las hojas de los árboles en otoño y serían arrastrados por el viento en un viaje donde descubriría tantas cosas. El simple hecho de pensarlo la hacía feliz, a pesar de que sus pies habían  echado raíces en ese cuarto solo y frío, iluminado solamente por la luz de la pantalla. Ella era optimista, mientras más se imaginaba, mas se sabía y mientras menos se preocupaba por buscarse más se encontraba. Sólo ella se comprendía en aquel que suponía era su caos. Sus manos temblorosas se deshacían a palabras que terminaban siendo olvidadas. Nunca supo a ciencia cierta si existía para crear o creaba para seguir existiendo. Aquel halo de misterio sobre su sombra parecía desvanecerse cuando se desnudaba para probarse a sí misma que no todo tenía que ser perfecto. Quedaba expuesta y no le importaba, su manera de ver el mundo le hacía sentirse segura. Sus labios resecos no necesitaban bilé para ser armas mortales que destruyeran al mundo de un susurro.



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