Eramos dos almas flotantes,
El sol envejecía,
Y nuestros rostros se evaporaban.
El huracán en habitación sencilla,
Al ritmo de las sombras,
Abatiéndonos y haciendonos uno.
Danzantes en la inmensidad de la noche,
Encontramos nuestras constelaciones,
Nos apoderamos de nuestro universo.
Un universo echo de papeles parlantes para ojos ciegos,
De envolturas perfectas para nuestras formas irregulares,
A la velocidad de la luz en tiempo muerto.
Delirio, mi corazón habla
Te magnifica con cada latido,
Mi cuerpo tiene sed y tu amor es un desierto.

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