Somos de los niños arco iris... esos que se desprenden a pasos de colores, que se van deslavando para viajar en medios intermitentes hacia mundos paralelos en donde pretendemos dejar sembrada nuestra semilla para nunca dejar de ser.
Somos el resplandor del sol en periodos prolongados, cuando la retina no aguanta y comienza a formar figuras en el aire, figuras con nuestros nombres, con nuestra esencia, con nuestra alma danzante en una noche sin estrellas.
Somos las nubes deformes de nuestra memoria, aquellas que no pudimos aprisionar con nuestros aparatos de seres avanzados en una época apocalíptica que nos consume a cada segundo caído.
Somos la ceniza volátil que se transforma en aventuras y sonrisas borradas con aguarrás, párpados inmóviles para no perder detalle de nuestros movimientos involuntarios.
Somos lo que aun no podemos terminar de ser y terminamos por ser lo que ahora somos.
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